Escúchame, diosa, que traes el día que ilumina a los mortales, resplandeciente Aurora, que extiende tu rubor por el universo, grandiosa y noble deidad, que el paso de la noche con su negrura y oscuridad, lo relegas a las profundidades de la tierra con tu salida.
Conductora de los trabajos y administradora de la vida de los mortales no hay quien escape a tu mirada, dado que ésta se ejerce desde lo alto, cuando sacudes el dulce sueño de los párpados. Todo se alegra, todo ser reptante y el resto de las especies de cuadrúpedos, pájaros y abundantes tipos de animales marinos; pues procuras una existencia activa en su totalidad.
Por tanto, bienaventurada y casta, aumenta, te lo ruego, la sagrada luz a tus iniciados.


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