Agradezco el tibio rayo de sol,
convertida en una sombra sin sentido.
Estatua de sal petrificada,
allí donde se cruzan cuatro esquinas.
En un solo punto de la ciudad
converge el universo entero,
un aleph de energías tan poderosas,
que quebraron la brújula loca de mi mente.
Ahora las limaduras de hierro
se funden con mi corazón.
Hubo un tiempo en que fui cazadora de instantes,
y así alcancé a vivir todos los sueños.
Ahora extiendo una red agujereada
tratando de pescar partículas inmateriales
tan impredecibles como el vuelo de la mosca.
Hasta el mar se me antoja ahora sensato,
porque nunca traspasa los límites de sus orillas,
mientras por las calles transitan seres
que siguen cotidianamente,
la matemática imposible de las olas.