Unas pocas palabras salen de tu dulce boca, ondas que se propagan al espacio, subiendo hasta la estratosfera,
y llegan a mí, como la lluvia bienhechora que hace florecer los desiertos. Unas simples palabras, con el poder de un encantamiento:
tu voz como conjuro y el corazón que sangraba ahora canta alegremente.
Tú eres la curación, el exorcismo de los demonios que atormentan mi alma; el dolor se desvanece, y ya no existe la sed ni la angustia,
ni las terribles tinieblas de la duda y el abandono.


