¡Oh dime, noche amiga, amada vieja, que me traes el retablo de mis sueños siempre desierto y desolado, y solo con mi fantasma dentro, mi pobre sombra triste en las voces de todos los misterios, dime si sabes, vieja amada, dime si son mías las lágrimas que vierto!
Me respondió la noche: jamás me revelaste tu secreto. Yo nunca supe, amado, si eras tú ese fantasma de tu sueño.
Dije a la noche: amada mentirosa, tú sabes mi secreto: tú has visto la honda gruta donde fabrica su cristal mi sueño, y sabes que mis lágrimas son mías, y sabes mi dolor, mi dolor viejo.