Enfermo del corazón
un gran monarca de Oriente,
congregó inmediatamente
los sabios de su nación.
Cada cual dio su opinión;
y sin hallar la verdad,
en medio de su ansiedad
acordaron en consejo
llamar con premura a un viejo
astrólogo de Bagdad.
Emprendió viaje el anciano;
llegó, miró las estrellas;
quiso conocer en ellas
las cuitas del soberano;
y adivinando el arcano
como viejo sabidor,
entre el inmenso estupor
de la cortesana grey,
le dijo al monarca: "¡Oh, Rey!,
te estás muriendo de amor."
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