
Este día no es la eternidad, es sólo un día, un pobre, indigno, limitado día, al que todos, desde Dios para abajo, hemos sido condenados.
No es la eternidad pero es el instante, que, después de todo, es su único sucedáneo verdadero.
Así que tengo que apretar el puño, tengo que gastar esta plenitud sin ninguna reserva, sin previsión alguna.
Quizás después venga el ocio asegurado, quizá haya después muchos días como éste, y piense entonces en este apuro, en esta impaciencia, como en un ridículo agotamiento.
Quizás, sólo quizás…
Por que este “Mientras Tanto” tiene el alivio, la garantía, de lo que es, de lo que está siendo…

