domingo 1 de enero de 2012

Me aburre el cielo



Me aburre el cielo. Algunos momentos, incluso me hace sufrir. Odio al cielo, y con la peor especie de odio: con el odio impotente. No es que ame demasiado la Tierra. La Tierra es reducida, sucia, monótona y poblada. Pero nos sentimos en nuestra casa, dueños de hacer y deshacer, de movernos a nuestro gusto.

Pero el cielo está distante, lejano, es inmodificable, hostil. Es preciso soportar el viento que sopla, esperar la lluvia, sufrir la tempestad. Estamos a merced de los huracanes, los tifones, los tornados, la niebla...Pero lo que odio más ferozmente es el cielo superior, el firmamento. Tolero el Sol bestial, con su cara de fuego, a causa de su utilidad;

¡pero la noche, las estrellas!

El infinito me aterroriza, me disgusta, me ofende. La provocación del cielo estrellado es desproporcionada, prepotente, vergonzosa.

Aquellos millones de soles ¿que quieren? ¿para qué me sirven?
¿por qué vuelven todas las noches a insultar la brevedad de mis días en este ángulo vacío?