
Avanza lentamente la Reina de la Noche en un cielo azul y puro como la
dicha sin nubes y la conciencia sin remordimientos; en las límpidas aguas del tranquilo mar se reflejan sus rayos, suaves miradas que se
fijan en la Tierra; castos y tiernos besos de esa amante compañera. Y
dispersas en ese inmenso Imperio, las hermosas lumbreras que como soñadoras pupilas, contemplan desde allí las lágrimas de tantos que lloran al amparo sombrio y silencioso de la noche
.


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