Y mientras Satanás y la Furia hablaban se oyó una voz como un trueno que decía:
- Abrid vuestras puertas, vosotros príncipes. Abríos, puertas eternas, que el Rey de la Gloria quiere entrar.
Y la Furia oyendo la voz, dijo a Satanás:
- Anda, sal y pelea contra él.
Y Satanás salió.
Entonces la Furia dijo a sus demonios:
- Cerrad las grandes puertas de bronce, cerrad los grandes cerrojos de hierro, cerrad con llave las grandes cerraduras y poneos todos de centinela, porque si este hombre entra estamos todos perdidos.
Y otra vez se oyó la voz de trueno que decía:
- Abrid vuestras puertas eternas, que el Rey de la Gloria quiere entrar.
Y la Furia gritó rabiosa:
- ¿Quién es el Rey de la Gloria?
Y los ángeles de Dios contestaron:
- El Señor poderoso y vencedor.
Y en el acto, las grandes puertas de bronce volaron en mil pedazos, y los que la muerte había tenido encadenados se levantaron.
Y el Rey de la Gloria entró en figura de hombre y todas las cuevas de la Furia quedaron iluminadas.
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