He aquí que los magos de Oriente, que habían salido de su país hacía nueve meses, y que llevaban consigo un ejército numeroso, llegaron a la ciudad de Jerusalén.
El primero era Melkon, rey de los persas; el segundo, Gaspar, rey de los indios; y el tercero, Baltasar, rey de los árabes. Y los jefes de su ejército eran en número de doce. Las tropas de caballería que los acompañaban, sumaban doce mil hombres, cuatro mil de cada reino. Y todos habían llegado, por orden de Dios, de la tierra de los magos, su patria, situada en las regiones de Oriente.
El primer rey, Melkon, aportaba como presentes, mirra, áloe, muselina, púrpura, cintas de lino, y también los libros escritos y sellados por el dedo de Dios.
El segundo rey, Gaspar, aportaba en honor del niño, nardo, cinamomo, canela e incienso.
Y el tercer Rey, Baltasar, traíga consigo oro, plata, piedras preciosas, perlas finas y zafiros de gran precio.







