martes, 19 de abril de 2016

Del desasosiego


Todo me cansa, hasta lo que no me cansa. 
Mí alegría es tan dolorosa como mi dolor. 
Entre mí y la vida hay un cristal tenue. 
Por más claramente que vea y comprenda la vida, no puedo tocarla.
Mi vida es tan triste; mis horas tan falsas.
¿Cómo no soñarte? ¿Cómo no soñarte?

Han terminado de arder, amor mío, en el hogar de nuestra vida, las astillas de nuestros sueños. Desengañémonos de la esperanza, porque traiciona, del amor, porque cansa, de la vida, porque harta y no sacia, y hasta de la muerte, porque trae más de lo que se quiere y menos de lo que se espera.


Señora de las Horas que Pasan, Madonna de las aguas estancadas y de las algas muertas, Diosa Tutelar de los desiertos abiertos y de los paisajes negros de rocas estériles líbrame de mi juventud.
Consoladora de los que no tienen consolación, 
Lágrima de los que nunca lloran, 
Hora que nunca suena líbrame de la alegría y de la felicidad.



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