miércoles, 24 de diciembre de 2014

El lamento de la Ninfa



Febo no había todavía revelado al mundo el día, cuando una muchacha salió de su propia casa. Sobre su pálido rostro afloraba su dolor. Andando sobre las flores iba vagando, aquí, allá, llorando de esta manera su amor perdido:

«Haz que vuelva mi amor
tal como antaño fue,
o déjame morir, para que
no sufra más.
Pues el saber que por él ardo
satisface su orgullo,
quizá, quizá al alejarme
él, a su vez, empezará a rogarme.
 


Si ella tiene para él más serena
mirada que la mía,
sin embargo no alberga en su seno
un amor que sea tan fiel como el mío.
Ni tendrá nunca
besos tan dulces de esa boca,
ni más tiernos, ay calla,
calla, él bien lo sabe.»

Así, entre amargas lágrimas, llenaba el cielo con su voz; así en el corazón de los amantes el amor mezcla el fuego con el hielo.


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