Sin motivo ni razón
se decretó la noche
breve y mágica,
como un acto poético
desafiante al viento y al frío.
Fue una extraña y callada ceremonia
los puentes y el agua
lucieron sus vestidos más románticos
y mil fuegos misteriosos
que invadieron la noche
húmeda de cera.
En la oscuridad,
un pájaro se obstinaba en cantar,
y lo taché de loco;
pero él tenía razón:
el alba había llegado.
Fue la noche más breve,
de hogueras frías
y soledad.


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